Existen muchos artículos, que apoyándose en fotografías, designan
a la fauna silvestre como el punto de partida de las epidemias que hemos vivido
en los últimos años, se les culpa de tener agentes patógenos mortales listos
para contaminarlos, esto es falso, en realidad sus microbios viven en ellos sin
hacerles ningún daño, el problema radica en lo siguiente: deforestación, urbanización,
industrialización abrupta, a través de estas acciones, nosotros ofrecemos a
esos microbios los medios de llegar hasta nuestro cuerpo y poder adaptarse.
Un ejemplo es el Ébola, un estudio realizado en 2017 demostró
que la fuente localizada del virus fueron diversas especies de murciélagos, las
cuales son frecuentes en zonas de África Central y Occidental, que
recientemente sufrieron deforestaciones. Al talar, se invita a los murciélagos a
colgarse en los arboles de nuestro jardín, ese murciélago babea alguna fruta y
el humano la ingiere, o el humano trata de cazar y matar al murciélago y se
generan contacto físico, no solo paso con el Ébola, también con enfermedades
como el Nipah, Marburgo, etc.
Otro tanto ocurre con las enfermedades transmitidas por los
mosquitos, sin los árboles, desaparecen la capa de hojas muertas y las raíces.
El agua y los sedimentos chorrean más fácilmente sobre ese suelo despojado y en
adelante bañado de sol, formando charcos favorables a la reproducción de los
mosquitos portadores del paludismo. Según un estudio realizado en doce países,
las especies de mosquitos que son vectores de agentes patógenos humanos son dos
veces más numerosos en las zonas deforestadas que en los bosques que
permanecieron intactos.
Aunque el fenómeno de mutación de los microbios animales en
agentes patógenos humanos se acelera, no es nuevo. Su aparición data de la
revolución neolítica, cuando el ser humano empezó a destruir los hábitats
salvajes para extender las tierras cultivadas, y a domesticar a los animales
para convertirlos en bestias de carga. A cambio, los animales nos ofrecieron algunos
regalos envenenados: les debemos el sarampión y la tuberculosis a las vacas, la
tos ferina a los cerdos, la gripe a los patos.
Felizmente, en la medida en que no somos víctimas pasivas de
este proceso, también podemos hacer mucho para reducir los riesgos de
emergencia de estos microbios. Podemos proteger los hábitats salvajes para
hacer que los animales conserven sus microbios en vez de transmitírnoslos a nosotros,
podemos apoyar los movimientos ambientalistas, crear nuevos hábitats para los
animales que se quedaron sin los suyos, disminuir nuestra huella de carbono y
de CO2.
Como lo declaró el epidemiólogo Larry Brilliant, “las
emergencias de virus son inevitables, las epidemias no”. Sin embargo, solo
seremos perdonados por estas últimas si ponemos tanta determinación en cambiar
de política como la que pusimos en destruir la naturaleza y la vida animal.

Es una perspectiva bastante interesante y que muy pocas veces es analizada.Buena info!
ResponderEliminarInteresante!
ResponderEliminarseamos agentes de cambio, de nosotros depende preservar lo poco de vida que le queda a la naturaleza.
ResponderEliminarexcelente información
ResponderEliminarmuy buena información, da una gran lección para todas las personas u.u, necesitamos un cambio
ResponderEliminarInteresante.
ResponderEliminarmuy buena información, genial !
ResponderEliminarInteresante
ResponderEliminarel ser humano se auto eliminara con el pasar del tiempo
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